CALLE GENERAL ECHAGÜE. LA PARTE VIEJA DE DONOSTIA QUE POCOS SE DETIENEN A DESCUBRIR.
Es fácil recorrer la Parte Vieja de Donostia sin reparar en la calle General Echagüe (General Etxague Kalea) ni en las otras que conforman el ensanche oriental.
Y, sin embargo, quienes deciden desviarse unos pasos de las calles más concurridas descubren una de esas pequeñas vías que ayudan a entender cómo la ciudad comenzó a crecer más allá de sus antiguas murallas.
Junto con las calles Euskalherria, General Jáuregui y Soraluze, forma el conocido ensanche oriental de la Parte Vieja, una pequeña zona situada entre la calle Aldamar y el paseo de Salamanca.
Aquí el ambiente cambia: las terrazas dejan paso a fachadas elegantes, el ritmo se vuelve más pausado y el cercano Urumea acompaña el paseo con su presencia constante.
CUANDO LA CIUDAD LE GANÓ TERRENO AL RÍO
Hasta bien entrado el siglo XIX, la San Sebastián histórica apenas podía crecer.
Las murallas protegían la ciudad por el sur, mientras que la desembocadura del Urumea marcaba su límite oriental.
Fuera de ellas solo había arenales y pedregales que la bajamar dejaba al descubierto.
El derribo de las murallas en 1863 abrió una nueva etapa para la ciudad. Al mismo tiempo que nacían los grandes ensanches, comenzó también la transformación de estos terrenos ganados al agua.
El proyecto sufrió numerosos retrasos —entre ellos la última guerra carlista y varios cambios administrativos— hasta que el Marqués de Salamanca asumió la concesión en 1882 e impulsó definitivamente su urbanización.
El primer diseño planteaba tres calles paralelas y otra transversal siguiendo el curso del Urumea.
Sin embargo, el proyecto fue revisado y, en 1886, adoptó el trazado definitivo de cuatro calles y manzanas más pequeñas que aún conservan su carácter original.
Hoy cuesta imaginar que este tranquilo rincón, a apenas unos metros del bullicio de la Parte Vieja, fuera hace poco más de un siglo un terreno inundado por las mareas.
¿QUIÉN FUE EL GENERAL ECHAGÜE?
Muchas calles de Donostia esconden personajes casi olvidados.
La de General Echagüe recuerda a Rafael de Echagüe y Bermingham, militar nacido en la ciudad en 1815 y protagonista de una larga carrera al servicio del ejército español.
El historiador y archivero Serapio Múgica dejó escrita la siguiente biografía, que explica por qué el Ayuntamiento decidió dedicarle una de las calles del nuevo ensanche:
Rafael de Echagüe y Bermingham, nació en San Sebastián en 13 de febrero de 1815. Después de haber hecho los estudios propios de su clase, se incorporó de Oficial en el batallón llamado de thapelgorris, formado en 1833 para combatir contra los carlistas y en defensa del trono de Isabel II.
Pasó luego al ejército de línea, y al terminar la guerra civil, tenía los dos galones de Teniente Coronel. Más tarde ascendió a Brigadier y concurrió al frente del Regimiento de la Princesa al pronunciamiento de 1854, en virtud de cuyo triunfo obtuvo el entorchado de Mariscal de Campo.
En los últimos meses de 1859, pasó con su División a Ceuta, y se apoderó pronto de la casa-fuerte llamada del Serrallo, defendida por los marroquíes.
Su valeroso comportamiento y la herida, que recibió en la mano, merecieron que se le galardonara con el segundo entorchado de Teniente General, y con esta graduación prosiguió el resto de la campaña.
Desempeñó la Capitanía General de Valencia, del año 1860 a 1862 en que pasó de Gobernador y Capitán General a Puerto Rico. A los dos años pasó con igual cargo a las Islas Filipinas en donde permaneció tres años más.
Después de 1868, desempeñó la Dirección de Ingemeros, la Comandancia General de Alabarderos en el Palacio Real y otros cargos de importancia.
Poseía las grandes cruces de Carlos III, de Isabel la Católica y de San Hermenegildo. Falleció en Madrid el 23 de noviembre de 1887, y su cadáver fue trasladado a San Sebastián, en donde fue recibido por representaciones de las autoridades civiles y militares y un lucido cortejo fúnebre en el que-se contaban muchas distinguidas personas de su querida Donostia.
En sesión de la tarde del mismo día, acordó el Ayuntamiento poner a una calle el nombre de hijo tan esclarecido, y se comunicó el acuerdo a sus hijos.
Contestaron estos en términos muy atentos, estimando en mucho la distinción que se le hacía al que en sus últimos momentos, disponía que se trasladaran sus restos y los de su esposa a esta ciudad, y pronunciaba en su delirio frases euskaras como buen vascongado.
LAS CALLES DE SAN SEBASTIÁN
Serapio Múgica
UN PASEO POR LA CALLE ECHAGÜE
Aunque la calle es corta, merece la pena caminarla despacio y levantar la vista.
En el número 15 se levantó en 1890 un edificio diseñado por Adolfo Morales de los Ríos, arquitecto responsable de algunos de los edificios más representativos de Donostia, como la actual Diputación de Gipuzkoa o el antiguo Gran Casino, hoy sede del Ayuntamiento.
Aquel inmueble desapareció, pero el conjunto residencial de los números 5, 7, 9 y 11, construido en 1900, sigue conservando la elegancia característica del ensanche.
En el extremo opuesto, junto al paseo de Salamanca, el edificio del número 14 rompe con el estilo de sus vecinos.
Proyectado en 1975 por Eugenio Usabiaga Lasa, resuelve con personalidad la esquina abierta hacia la desembocadura del Urumea.

Su fachada, de tonos dorados que recuerdan la piedra arenisca tradicional de la ciudad, es uno de esos ejemplos de arquitectura moderna que generan opiniones encontradas, pero que terminan formando parte del paisaje urbano.
UN RINCÓN PARA DETENERSE
La calle General Echagüe no presume de monumentos ni de grandes escaparates.
Su atractivo está en otra parte: en la tranquilidad que se respira entre sus edificios, en la cercanía del río y en la sensación de caminar por una zona que representa el primer paso de Donostia hacia la ciudad elegante y abierta al mar que conocemos hoy.
Si recorres este rincón al atardecer, cuando la luz se refleja sobre el Urumea y el bullicio de la Parte Vieja queda unos metros atrás, entenderás por qué algunas de las mejores calles de una ciudad son precisamente aquellas que no aparecen en todos los itinerarios.

