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FESTIVAL DE CINE DE SAN SEBASTIÁN: HISTORIA DEL ZINEMALDIA

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FESTIVAL DE CINE DE SAN SEBASTIÁN. LA HISTORIA DE CUANDO DONOSTIA SE CONVIRTIÓ EN CIUDAD DE CINE

Durante unos días de septiembre, Donostia cambia de ritmo.

Las cámaras aparecen en las calles, los hoteles recuperan aquel aire de la Belle Époque, las terrazas se llenan de conversaciones y, casi sin darnos cuenta, San Sebastián vuelve a convertirse en escenario de una historia que comenzó hace más de siete décadas.

Historia del Festival de Cine de San Sebastián

Porque el Festival de Cine de San Sebastián no nació como el gran acontecimiento cinematográfico que conocemos hoy.

Nació en 1953, en una ciudad que buscaba proyectarse hacia el exterior y que encontró en el cine una extraordinaria manera de hacerlo.

Desde entonces han pasado por sus calles actores, directores y personajes que forman parte de la historia del séptimo arte.

Pero también han pasado miles de donostiarras y visitantes que, durante unos días, convierten la ciudad en una enorme sala de cine al aire libre.

TODO COMENZÓ EN 1953

Hay una fecha que forma parte de la historia reciente de Donostia: 21 de septiembre de 1953.

Ese día comenzó la primera edición de lo que entonces era una Semana Internacional de Cine. La iniciativa tenía desde el principio una doble vocación: cinematográfica y comercial.

La elección de San Sebastián no era casual.

Festival Zinemaldia San Sebastián

La ciudad ya tenía una larga tradición turística y una imagen internacional construida durante décadas alrededor de la bahía de La Concha, sus hoteles, sus playas y aquel ambiente elegante que había atraído a la aristocracia europea desde finales del siglo XIX.

El cine encontró aquí un escenario perfecto.

El éxito de aquella primera edición hizo que la Federación Internacional de Asociaciones de Productores de Films (FIAPF) reconociera al certamen con la categoría B.

En 1954 pasó a llamarse Festival Internacional de Cine y, un año después, llegó uno de los primeros grandes cambios de su historia.

NACE LA CONCHA

En 1955 el Festival obtuvo el reconocimiento como certamen competitivo especializado en películas en color.

Y con él llegaron los premios oficiales.

Fue entonces cuando apareció uno de los símbolos que hoy asociamos inmediatamente con el Zinemaldia: la Concha, aunque en aquellos primeros años era todavía de plata.

Dos años después, en 1957, el Festival alcanzó definitivamente la categoría A de la FIAPF y las principales Conchas pasaron a ser de oro.

La concha marina, convertida en premio cinematográfico, terminó convirtiéndose también en uno de los símbolos de la propia ciudad.

UNA CIUDAD QUE QUERÍA MIRAR AL MUNDO

Durante sus primeras décadas, el Festival fue creciendo al mismo tiempo que cambiaba San Sebastián.

Las estrellas comenzaron a desfilar por la ciudad y el certamen adquirió una dimensión internacional cada vez mayor.

Pero su historia no puede separarse de la historia de la época.

El Festival nació durante la dictadura franquista y, como han estudiado los investigadores de su archivo histórico, también fue utilizado como escaparate internacional del régimen.

Al mismo tiempo, alrededor del certamen fueron apareciendo espacios de debate y algunas ventanas hacia nuevas formas de entender el cine y la cultura.

Uno de los episodios más interesantes ocurrió en 1960, cuando se celebraron las primeras Jornadas de Escuelas de Cinematografía dentro del Festival.

Aquellos encuentros reunieron a jóvenes cineastas y estudiantes que terminarían desempeñando un papel importante en el cine español de las décadas siguientes. Entre ellos estaban Basilio Martín Patino, Antxon Eceiza o Joaquim Jordà.

Así, poco a poco, el Festival dejó de ser únicamente una pasarela de estrellas para convertirse también en un lugar de encuentro para quienes estaban pensando y haciendo cine.

DE LAS ESTRELLAS A LA CIUDAD

Hay algo especialmente donostiarra en el Festival.

Aquí las estrellas no llegan a una ciudad construida alrededor de un recinto ferial o de un enorme complejo cinematográfico. Llegan a una ciudad de tamaño humano.

Y eso significa que durante septiembre pueden aparecer en un hotel, caminar por La Concha, tomar algo en una terraza, cruzarse con los ciudadanos o posar frente al Kursaal.

La ciudad forma parte del espectáculo.

Teatro Victoria Eugenia Festival de Cine de Donostia

La bahía de La Concha, el Hotel María Cristina, el Teatro Victoria Eugenia, el Kursaal y las calles del centro se convierten cada año en escenarios improvisados de esta gran fiesta cinematográfica.

Es precisamente esa mezcla entre ciudad, mar y cine la que ha terminado formando parte de la personalidad del Festival.

UNA ÉPOCA COMPLICADA

La historia del Zinemaldia tampoco ha sido siempre un camino de éxitos.

Entre 1980 y 1985 el Festival perdió la categoría de festival competitivo no especializado acreditado por la FIAPF.

Aquellos años fueron una etapa complicada para el certamen.

Pero el Festival consiguió recuperar su categoría A en 1986.

Y aquel año llegó además otro de los grandes símbolos de su historia.

GREGORY PECK Y EL NACIMIENTO DEL PREMIO DONOSTIA

En 1986 se instituyó el Premio Donostia, creado para reconocer la trayectoria y la aportación de grandes figuras del mundo del cine.

El primer homenajeado fue una auténtica leyenda de Hollywood: Gregory Peck.

A partir de entonces, nombres como Glenn Ford, Vittorio Gassman, Bette Davis, Lauren Bacall, Al Pacino, Robert de Niro, Meryl Streep, Julia Roberts, Antonio Banderas, Denzel Washington o Penélope Cruz fueron incorporándose a una lista que ya forma parte de la historia del Festival.

Y aquí encontramos una de las grandes particularidades del Zinemaldia: muchas de aquellas estrellas no fueron simplemente nombres en una cartelera.

Festival de Cine de San Sebastián

Durante unos días se convirtieron en habitantes temporales de Donostia.

EL FESTIVAL TAMBIÉN DESCUBRIÓ TALENTO

Aunque las grandes estrellas sean probablemente la imagen más conocida del Festival, su historia también está ligada al descubrimiento de cineastas que todavía no eran grandes nombres.

El propio archivo del Festival recuerda que San Sebastián fue el primer festival de Roman Polanski cuando todavía estudiaba cine y el primero en el que Pedro Almodóvar presentó una película, Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón.

También fue importante en los primeros pasos de cineastas como Francis Ford Coppola o Terrence Malick y apostó en diferentes momentos por autores que todavía eran poco conocidos internacionalmente.

Es otra de las caras menos conocidas del Zinemaldia: además de recibir a las estrellas consagradas, la ciudad ha servido durante décadas como escaparate para nuevos talentos.

EL CINE SALIÓ DE LAS SALAS

Con el paso de los años, el Festival fue creciendo hasta convertirse en mucho más que una sucesión de proyecciones.

La actividad profesional fue adquiriendo cada vez mayor importancia.

Ya en 1958 comenzaron las primeras jornadas profesionales vinculadas al certamen y, posteriormente, se desarrollaron mercados y encuentros destinados a conectar a productores, distribuidores y profesionales del cine.

Victoria Eugenia Festival Internacional de Cine de San Sebastián.

Hoy el Festival combina las películas de la Sección Oficial con numerosas secciones, encuentros, actividades profesionales, iniciativas educativas y programas destinados a descubrir y apoyar nuevos talentos.

El cine, por tanto, no termina cuando se apagan las luces de una sala.

UN FESTIVAL QUE FORMA PARTE DE DONOSTIA

Quizá la mejor manera de entender el Festival de San Sebastián sea dejar durante un momento las películas a un lado.

Porque el Zinemaldia también es la imagen de una ciudad que durante una semana se transforma.

Es el bullicio alrededor del Hotel María Cristina.

Las cámaras frente al Kursaal.

Los fotógrafos esperando junto al Teatro Victoria Eugenia.

Las multitudes buscando una cara conocida.

Los carteles que aparecen en las calles.

Las conversaciones sobre películas que probablemente no veremos nunca.

Y, por supuesto, los donostiarras intentando descubrir qué famoso acaba de pasar por delante.

Después de más de setenta años, el Festival ya no es solamente un acontecimiento que se celebra en San Sebastián.

Forma parte de la propia identidad de la ciudad.

MÁS DE SIETE DÉCADAS DE HISTORIA

En 2026 el Festival de San Sebastián alcanza su 74.ª edición.

Desde aquel lejano septiembre de 1953 no ha dejado de celebrarse, convirtiéndose en uno de los acontecimientos internacionales más reconocibles de Donostia.

Y quizá una de las mejores formas de acercarse a su historia sea entender que detrás de cada alfombra roja hay también una historia de ciudad.

Una historia de hoteles, teatros, playas, calles y plazas.

Festival de Cine de Donosti

De estrellas que llegaron desde Hollywood y terminaron mirando la bahía de La Concha.

De jóvenes cineastas que encontraron aquí una oportunidad.

De espectadores que hicieron cola durante décadas para entrar en una sala.

Y de una ciudad que, cada septiembre, vuelve a ponerse sus mejores galas para recibir al mundo.
Porque durante unos días «Donostia no solo mira al cine, Donostia se convierte en cine».

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