PASEO DE SALAMANCA. EL RINCÓN DONDE DONOSTIA SE ASOMA AL MAR CON ELEGANCIA.
Hay paseos que se recorren y otros que se sienten. El Paseo de Salamanca pertenece a esa segunda categoría.
A orillas de la desembocadura del Urumea, este elegante tramo de Donostia-San Sebastián enlaza el puente de la Zurriola con el Paseo Nuevo, abrazando junto a él la Parte Vieja y el monte Urgull hasta fundirse con el Puerto.

Un recorrido donde la ciudad parece detener el tiempo mientras las fachadas centenarias se reflejan en el agua y la brisa del Cantábrico acompaña cada paso.
ORÍGENES DEL PASEO DE SALAMANCA DE SAN SEBASTIÁN
A primera vista, podría parecer que el nombre del paseo guarda relación con la ciudad castellana, como ocurre con otras calles donostiarras dedicadas a ciudades españolas. Sin embargo, su historia es muy distinta.
El Paseo de Salamanca rinde homenaje al Marqués de Salamanca, uno de los grandes impulsores del Ensanche Oriental de la Parte Vieja y una figura decisiva en la transformación urbanística de la ciudad durante el siglo XIX.
¿POR QUÉ ESTE PASEO LLEVA EL NOMBRE DEL MARQUÉS DE SALAMANCA?
Empresario visionario y, durante un tiempo, ministro de Hacienda, el Marqués de Salamanca desempeñó un papel fundamental en el desarrollo del Ensanche Oriental, un proyecto que permitió a Donostia crecer más allá de sus antiguas murallas y abrirse definitivamente al mar.
Como reconocimiento a aquella contribución, el Ayuntamiento decidió perpetuar su memoria dando su nombre a este distinguido paseo, convertido hoy en uno de los rincones más elegantes de la ciudad.
El historiador Serapio Múgica dejó escrita la siguiente descripción sobre el origen del paseo:
«Obtenido el permiso para el derribo de las murallas en 1863, uno de los proyectos que constituían el plano de ensanche, era la construcción del murallón de la Zurrióla, y al efecto se consiguió la oportuna autorización.
Más tarde, se concedió a D. Ramón de Berasategui, licencia para ejecutar obras de ensanche en la misma orilla izquierda y en la derecha, ganando terrenos al mar.Hubo transferencias de esta concesión, a nuevas sociedades que se formaban al efecto para realizar el ensanche de esta parte de la población, y aparecen como tales el Banco General de Madrid y la Sociedad Inmobiliaría de San Sebastián.
Las obras dieron comienzo en 1882 por esta última sociedad, siendo el contratista que llevó a cabo tan importante obra en nombre y representación de la Inmobiliaria, D. José Carcer Salamanca, sobrino del Marqués de Salamanca, que era el Presidente y el alma de aquella empresa.
En sesión de 9 de Septiembre de 1885, propone la Comisión, y sin duda lo acordó el Ayuntamiento, aunque no consta, que se imponga este nombre al paseo que se abra en aquella parte, «en justo reconocimiento al hombre emprendedor que ha llevado a cabo esta empresa», o sea al Marqués de Salamanca, y así viene titulándose al trayecto comprendido entre el rompeolas y la continuación de la Calle de la Reina Regente, en donde comienza el Paseo de la República Argentina.
A continuación de este Paseo de la República Argéntina, se halla la Plaza de España y sigue a esta el Paseo del Árbol de Guernica.»
DESCUBRIENDO EL PASEO DE SALAMANCA DE DONOSTIA-SAN SEBASTIÁN
Basta con dejar atrás la calle Reina Regente para comprender que este paseo posee una personalidad propia.
El primer edificio recibe al viajero con la sobriedad y la elegancia del Ensanche Oriental.

Su fachada de piedra arenisca, teñida por cálidos tonos dorados, dialoga con algunos de los grandes iconos arquitectónicos de Donostia, como el Hotel María Cristina o el Teatro Victoria Eugenia, recordando aquella Belle Époque que marcó para siempre la identidad de la ciudad.
A pocos pasos aparece una de las construcciones más singulares del paseo.
En el número 2 se alza un edificio de inspiración neogótica que parece escapado de otro tiempo.
Fue diseñado en 1892 por el arquitecto José Vicente Mendía y, dos décadas más tarde, Luis Elizalde añadió el elegante mirador de hormigón que hoy forma parte inseparable de su silueta.
Su historia también guarda un episodio reciente. Mientras la ciudad celebraba el día de San Sebastián, el 20 de enero de 2007, un grave incendio destruyó su última planta.
Aunque el interior tuvo que ser reconstruido por completo, su característica fachada continúa presidiendo el paseo con el mismo encanto de siempre.
El siguiente edificio rompe ligeramente con la arquitectura decimonónica, aunque sin perder la armonía del conjunto.
Diseñado por Eugenio Usabiaga Lasa y construido en 1975, ocupa la esquina con la calle General Echagüe, integrándose con discreción entre sus vecinos históricos.
Pero el Paseo de Salamanca todavía reserva algunas joyas arquitectónicas más.
En el número 7 se levanta uno de los edificios más sorprendentes de toda la ciudad. La parcela fue adquirida en 1885 por Carlos Godó, cofundador de La Vanguardia, quien encargó el proyecto al arquitecto catalán José Majó i Ribas.
El resultado fue un elegante edificio neogótico inspirado en la arquitectura medieval catalana, una rareza dentro del paisaje urbano donostiarra que aporta al paseo un aire casi novelesco.
El éxito de la obra llevó a su propietario a repetir la fórmula apenas un año después. En 1886, José Majó i Ribas diseñó un segundo edificio para el número 8, completando uno de los conjuntos arquitectónicos más originales de la ciudad.
CONCLUSIÓN
Recorrer hoy el Paseo de Salamanca es contemplar una sucesión de fachadas que narran distintas épocas y estilos, todas ellas reflejándose sobre las tranquilas aguas del Urumea mientras el perfil del monte Urgull cierra el horizonte.
Es una de esas estampas que resumen la esencia de Donostia: elegante, luminosa y profundamente ligada al mar.
Quizá por ello conviene reivindicar la identidad propia de este paseo, a menudo confundido con el cercano Paseo Nuevo.
En realidad, este comienza unos metros más adelante, al final de la calle Aldamar.
Son dos escenarios diferentes que, al darse la mano, componen uno de los paseos urbanos más bellos y románticos de San Sebastián, un lugar donde cada paseo invita a caminar sin prisa y a dejar que la ciudad revele, poco a poco, toda su belleza.



