IBARRA, UN PUEBLO LLENO DE SABOR EN EL CORAZÓN DE TOLOSALDEA
Ibarra es un pequeño y encantador pueblo gipuzkoano enclavado en el corazón de la comarca de Tolosaldea.
Este rincón nos ofrece una combinación perfecta de naturaleza, cultura y gastronomía.
Con sus vistas a las montañas y un paisaje verde salpicado de huertas que parece sacado de un cuadro, Ibarra nos invita a perder el rumbo y disfrutar de la tranquilidad que solo los pequeños pueblos pueden ofrecer.
Si te preguntas qué ver y hacer en este rincón de Euskal Herria, prepárate para un viaje que despertará todos tus sentidos.
UN PASEO POR LA HISTORIA DE IBARRA
Comenzar tu visita en Ibarra es sumergirse en su rica historia.
Este pueblo, con raíces que se remontan a siglos atrás, conserva un patrimonio arquitectónico que merece ser explorado.
La iglesia de San Juan Bautista, construida en estilo gótico, es uno de los puntos destacados. Su alta torre y su impresionante retablo interior invitan a la contemplación.
La primera aparición de Ibarra en la historia escrita data de 1374, cuando solicitó junto a otros pueblos de la comarca su anexión a la villa de Tolosa.
Sin embargo, su creación fue mucho antes, surgiendo el primer núcleo habitado en la colina de Etxezarreta, donde también estuvo el primer cementerio y la primera iglesia que tuvo Ibarra.
A finales del siglo XV la población de Ibarra fue creciendo y surgieron otros núcleos rurales en las faldas del monte Uzturre y junto a Leaburu.
Sin embargo, a mediados del siglo XVI parece que la población establecida en el valle junto al río, comenzó a crecer.
Ya que el concejo solicitó trasladar la iglesia a su actual ubicación.
Parece que a los jauntxos de Etxezarreta no les sentó muy bien la decisión, ya que temían perder su influencia entre la población.
En 1550 se inició la construcción de la nueva iglesia que sin embargo duró menos de 40 años en pie, levantándose después la iglesia de estilos gótico y renacentista que aún hoy podemos admirar.
Durante los años siguientes, la población en torno a la iglesia comenzó a crecer en detrimento a los otros núcleos de las montañas, aprovechando la amplia vega junto a la «erreka».
A medida que la población de Ibarra iba aumentando, también lo hacían sus ansias de independencia.
Independencia que finalmente obtuvo en 1802 de manos del rey Carlos V, deseoso de sanear las paupérrimas arcas del reino concediendo «privilegios de villa».
Para librarse de la tutela de su vecina Tolosa y erigirse en villa, los habitantes de Ibarra tuvieron que pagar 15.441 reales y 6 maravedíes a la Hacienda Real.
Sin embargo, aunque Ibarra logró la desanexión de Tolosa, los litigios y choques con su poderosa villa vecina sería la tónica general durante los siguientes años.
El diccionario geográfico-estadístico-histórico escrito por Pascual Madoz entre 1845 y 1850 describe Ibarra de la siguiente manera:
Situado en un llano rodeado de montes y en los márgenes del río Berastegui, clima saludable.
Cuenta de 80 a 90 casas, de las cuales 12 forman una calle y las restantes componen las barriadas de Errecalde e Izascun, muy bonitos y muy cercanos al casco de la población.
El terreno es de mediana calidad, le atraviesa y cruza bañando las paredes de la iglesia el río Berastegui, que fertiliza con sus aguas algunos trozos de huerta y da impulso a un molino harinero.
Produce: trigo, maiz, castañas, manzana y hortalizas. Cría poco ganado, alguna caza y pesca.
NATURALEZA Y AIRE LIBRE
Ibarra es también un destino ideal para los amantes de la naturaleza.
Rodeado de montañas y valles verdes, el municipio ofrece múltiples rutas de senderismo.
Una de las más populares es la senda que conduce al monte Uzturre y que parte desde la ermita de Izaskun.
Desde su cima, podrás disfrutar de unas vistas panorámicas de la comarca de Tolosaldea y Buruntzaldea que te dejarán sin aliento.
La diversidad de flora y fauna que se encuentra en la zona es otro de los atractivos que hacen de este lugar un verdadero paraíso para los caminantes.
Otra opción para los más aventureros es el cicloturismo, con rutas diseñadas para todos los niveles.
Pedalear por los caminos rurales que rodean Ibarra es una excelente forma de conectarte con la esencia de la vida en el campo vasco.
Otra opción más sencilla es realizar el Recorrido de la Piperra de Ibarra.
Esta ruta circular de 2.6 kilómetros de distancia cuenta con paneles informativos, por lo que además de conocer los alrededores del pueblo podremos descubrir todo lo relacionado con la perla de su gastronomía.
LAS FAMOSAS GUINDILLAS DE IBARRA O PIPARRAK
Uno de los orgullos culinarios de Ibarra es, sin duda, la guindilla, conocida localmente como piparra.
Este pimiento verde alargado, de un sabor suave y ligeramente picante, es un ingrediente fundamental en la gastronomía vasca.
Su fama trasciende fronteras y se ha convertido en un símbolo de la cocina local.
En Ibarra, cada agosto se celebra la Fiesta de la Guindilla, un evento que reúne a locales y visitantes en torno a este delicioso manjar.
Degustar tapas de guindillas en los bares del pueblo se convierte en una experiencia única que no puedes perderte.
QUÉ VER EN IBARRA
IGLESIA DE SAN BARTOLOMÉ
Sin lugar a dudas, la parroquia de San Bartolomé es el monumento más importante de Ibarra.
Como hemos visto antes, la iglesia primigenia se encontraba en la colina de Etxezarreta, aunque a mediados del siglo XVI se trasladó a su actual ubicación.
En 1550 se comenzó la construcción del actual templo, finalizándose en 1587.
Aunque de nueva planta, se aprovecharon algunos materiales de la iglesia primigenia.
Su imponente torre-campanario fue obra de MartínCarrera, erigiéndose entre 1769 y 1789.
Martín de Carrera Aramburu fue un prolífico arquitecto que dejó su huella en las iglesias de Pasai San Pedro, Hernani, Berastegi, Olaberria, Orendain, Mutiloa o Zerain entre muchas otras.
En su interior, destaca el retablo mayor de 1640 obra de Pedro Goicoechea, donde destaca la talla central de San Bartolomé.
PLANTA: DE CRUZ LATINA
ESTILO:GÓTICO-RENACENTISTA
MEDIDAS: 30 m de longitud x 10 m de ancho x 15 m de alto.
ERMITA DE IZASKUN
La Ermita de Nuestra Señora de Izaskun, se encuentra en la ladera del monte Uzturre.
De nave única, en su interior se guarda la talla de la Andra Mari de Izaskun, patrona de Tolosa.
Aunque la primera noticia escrita de este santuario data de 1418, el actual templo fue reconstruido en 1904.
De su techo cuelga un exvoto marinero en forma de barco.
Antiguamente, los matrimonios que deseaban tener descendencia acudían a este templo en ruego.
CONCLUSIÓN
Ibarra es un destino que captura el alma de Tolosaldea.
Entre su rica historia, verdes paisajes y deliciosa gastronomía, cada rincón del pueblo cuenta una historia que espera ser descubierta.
Así que prepara la mochila y deja que este pequeño pueblo te seduzca con su autenticidad.
Sin lugar a dudas, Ibarra es un lugar que al igual que el resto de la comarca que merece ser visitado y recordado.
Laister arte! ¡Hasta pronto!
QUÉ VER CERCA DE IBARRA
Ibarra también sirve como punto de partida para explorar otras joyas del entorno.
Lindante con Ibarra se encuentra Tolosa, uno de los pueblos con más historia de la provincia.
Esta histórica villa llegó a ser capital de Gipuzkoa, privilegio que finalmente le fue arrebatado por Donostia-San Sebastián.
Entre sus tesoros destaca el TOPIC, el Museo y Centro Internacional de la Marioneta o la iglesia de Santa María, una de las más grandes de la provincia.
Belauntza es un pequeño pueblo que se encuentra muy cerca de Ibarra.
Desde su casco urbano, se obtienen unas bonitas vistas de la comarca además de contar con la iglesia de San Juan, que cuenta con una pintoresca portada clasicista.
Sí tomamos la carretera que desde Ibarra se dirige a Navarra, llegaremos a Berastegi, uno de los pueblos más auténticos de Gipuzkoa y donde nace el riachuelo alrededor del cual se desarrolló Ibarra.












