AINHOA, QUE VER EN ESTA COLORIDA BASTIDA MEDIEVAL
Ainhoa es una pequeña localidad vasca, que se encuentra enclavada entre bellos montes y valles.
Su belleza es tal, que parece un pueblo sacado de un cuento de hadas.
Esta pequeña joya, con sus casas de entramado de madera pintadas de vivos colores, invita al viajero a sumergirse en la auténtica belleza de Ipar Euskal Herria.
A pocos kilómetros de la frontera, Aihnoa se alza como un remanso de paz y tranquilidad, donde el tiempo parece haberse detenido.
Al cruzar el umbral de este pintoresco pueblo, una paleta de vibrantes colores te recibe.
Las fachadas de las casas se yerguen imponentes, luciendo tonos rojos y verdes emblemáticos de la arquitectura vasca.
Las contraventanas de madera se cierran delicadamente para dejar paso a exuberantes jardines adornados con flores de un aroma embriagador.
La naturaleza circundante, por su parte, es un cuadro vivo, donde las majestuosas colinas se funden en armonía con el cielo azul.
Además, Ainhoa es considerado como uno de los pueblos más bonitos del País Vasco francés.
Sus calles rodeadas de coloridas casas típicas de la arquitectura labortana y el buen estado de conservación en el que se encuentran, le ha valido formar parte de la lista de los pueblos más bellos de Francia.
ORIGEN DE AINHOA
En la primera mitad del siglo XIII, la orden de los monjes norbertinos (llamados así por Norberto de Xantén, el fundador de la orden en 1120), pidieron permiso al señor de las tierras, Juan Pérez Baztán, para crear un vicariato junto a uno de los ejes del Camino de Santiago en Francia.
El pueblo de Ainhoa, fue fundado en una zona de ricos pastos y amplios robledales, con el objetivo de proteger y dar cobijo a los peregrinos.
Las casas se construyeron pegadas unas a otras a ambos lados del camino, adquiriendo la población la típica forma medieval de bastida fortificada.
HISTORIA DE AINHOA
La soberanía de Ainhoa produjo bastantes roces entre Navarra e Inglaterra, ya que esta se encontraba junto a la frontera del ducado de Aquitania, ansiando ambos reinos los beneficios que producían los aranceles y peajes que tenían que pagar los peregrinos.
En el año 1451, Ainhoa pasó a manos francesas durante el reinado de Carlos VII, que recuperó casi todos los territorios ingleses en Francia durante la Guerra de los Cien Años.
Su cercanía con la frontera española provocó que durante la Guerra de los Treinta Años (1618-1648) Ainhoa fuese arrasada, quedando solamente en pie la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción y la casa Machitorenea.

Aunque la fiebre revolucionaria tardó en propagarse por la región debido al fuerte arraigo de la fe católica, en 1789 los revolucionarios consiguieron abolir el culto religioso y convirtieron la iglesia en un almacén para forraje.
Durante las campañas napoleónicas Ainhoa quedó al margen de las campañas militares, sin embargo, al ser expulsado el ejército francés de España, el ejército aliado (compuesto por españoles, ingleses y portugueses) cruzaron la frontera y saquearon numerosas localidades en represalia por los excesos cometidos por el ejército francés.
QUÉ VER EN AINHOA
1. Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción y cementerio
La iglesia de Ainhoa fue construida en el siglo XVIII, constando de una sola nave sin pilares y con galerías reservadas a los hombres.
Durante los siglos XVII y XVIII sufrió fuertes remodelaciones y en el siglo XIX se realizó la decoración interior.
El templo cumplía una función defensiva además de religiosa, ya que en caso de ataque la población podía refugiarse en su interior.
2. Cementerio
Junto a la iglesia se encuentra el bonito cementerio que conserva estelas discoideas o hillaris (en euskera HIL-muerte HARRI-piedra) de los siglos XVI y XVII.
3. Frontón
No puede haber un pueblo vasco sin su correspondiente frontón, que no solo sirve para practicar alguna de las modalidades de pelota vasca, sino que era el centro de reunión de los habitantes del pueblo para celebrar las fiestas o eventos importantes.
El frontón de Ainhoa se construyó en 1849, habiendo recibido su pared innumerables pelotazos y siendo testigo de los hechos más importantes de los dos últimos siglos.
Como la movilización de los jóvenes del pueblo durante las dos guerras mundiales que tanto dolor trajeron a las familias de la región.
4. El lavadero “Alaxurruta”
Este lavadero junto a la salida del pueblo es famoso porque el 27 de septiembre de 1858, el emperador Napoleón III ordenó parar aquí el coche en el que viajaba junto a su mujer la emperatriz Eugenia de Montijo.
Después de beber agua, decidieron continuar a pie hasta Dantxarinea.
5. Arquitectura de Aihnoa.
El aspecto actual de Ainhoa se debe a la reconstrucción a la que fue sometida en el siglo XVII, contando con grandes casas blancas con entramados de madera pintados de rojo o verde.
En algunas de estas casas se dejaron constancia del año de su construcción en sus grandes vigas o en los dinteles de piedra.
En la casa Gorritia por ejemplo podemos ver la siguiente inscripción: Marie de Gorriti, madre del difunto Jean Dolhagaray, compró esta casa llamada Gorritia gracias al dinero mandado de América por él, esta casa no podrá venderse ni empeñarse. Hecho en 1662.
CONCLUSIÓN
Aihnoa, con su encanto atemporal y belleza natural, es más que un destino; es una experiencia sensorial, un viaje al corazón de las tradiciones vascas.
Ya sea que busques belleza, cultura o simplemente serenidad, este pueblo junto al río Nivelle (Urdazuri) ofrece la escapada perfecta.
Al dejar Aihnoa, cada visitante se lleva consigo un trocito de este lugar, un rayo de sol o una gota de lluvia, una llamada a descubrir esta joya de la naturaleza y la arquitectura.
Qué ver cerca de Aihnoa
A menos de 10 kilómetros de Aihnoa, se encuentra la localidad de Espelette o Ezpeleta en euskera, uno de los pueblos más bonitos del País Vasco francés, famosa por sus pimientos rojos que adornas las blancas fachadas de sus casas.
Sin olvidarnos de los encantadores pueblos y ciudades de la Costa Vasca, como Ziburu, San Juan de Luz (Donibane Lohizune), Guéthary, Urruña o Biarritz.









