PUERTO DE DONOSTIA-SAN SEBASTIÁN. QUÉ VER Y QUÉ HACER.
El puerto de Donostia-San Sebastián, que se encuentra abrazado al monte Urgull, es un lugar donde el tiempo parece detenerse, guardando en sus aguas y muelles las huellas de una historia que se entrelaza con el origen mismo de la ciudad.
Desde sus orígenes humildes como un pequeño abrigo natural para embarcaciones, hasta convertirse en un dinámico espacio que ha visto pasar siglos de trasformaciones, el puerto es un testigo silencioso de innumerables historias de luchas, pérdidas y esperanza.
ORÍGENES DEL PUERTO DE DONOSTIA
En los albores de su existencia, el puerto servía como refugio para los pescadores que enfrentaban con valentía la bravura del mar.
Y es que el primer documento escrito sobre San Sebastián, el fuero otorgado por Sancho el Sabio en 1180, ya contenía normativa sobre el comercio marítimo y navegación, se cree que ya existía un puerto antes.
Por lo que parece que este fuero reguló las normas que se venían aplicando desde muchos años atrás por los marineros del lugar, que usaban la bahía y el abrigo del monte Urgull como base.
Pero es que el puerto de San Sebastián no fue un puerto más del Cantábrico, sino que fue el primer puerto del reino de Navarra, de ahí la importancia que se le otorgó por los monarcas navarros.
El fuero elaborado para San Sebastián fue tan completo, que los reyes castellanos lo usarían como referente para crear los fueros de otras poblaciones costeras.
Pero en el año 1200, lo que había nacido como puerto navarro, se convirtió en puerto de la pujante Castilla, ya que Gipuzkoa y por ende San Sebastián pasaron a pertenecer a este reino.
El rey castellano Alfonso VIII no tardó en confirmar el fuero de San Sebastián, como así lo harían los siguientes reyes de Castilla.
Según Ciriquiain-Gaiztarro, el fondeadero de la bahía era conocido como Puerto Mayor y junto a la villa se encontraba el Puerto Menor.
EL PUERTO DE SAN SEBASTIÁN DURANTE LA EDAD MEDIA
Según Serapio Múgica, el primer muelle de Donostia se construyó en 1440, en 1450 según otros autores, cuando el rey Juan II permitió cobrar tasas a los productos desembarcados para su construcción.
Casi un siglo después, la ciudad solicitó 500 ducados a la provincia para obras en el puerto, que seguramente ya constaba de dos muelles.
En 1548, se describían dos muelles el puerto donostiarra
Uno de ellos salía de la punta de Urgull hacia el suroeste, mientras que el otro, que era un contramuelle, salía de la playa formaba una bocana abierta al sur.
¿Sabías que durante la Edad Media Donostia-San Sebastián contaba con cuatro puertos?
El más importante era el de Oyarçun, seguidos por los de la bahía (Ondarreta y Puerto Mayor), el Puerto Menor y por último el muelle de Santa Catalina.
El Puerto Menor es el antiguo puerto pesquero y actual puerto de recreo y el de Oyarçun era el puerto de Pasajes, en poder de la ciudad hasta el siglo XIX.
LA VIDA COTIDIANA EN EL PUERTO DONOSTIARRA DURANTE LA EDAD MODERNA
El muelle donostiarra, en el que no existían viviendas como hoy día, ya que los pescadores y sus familias vivían intramuros de la ciudad, se convertía durante el día en un hervidero de gente.
Mercaderes y marinos de toda la costa cantábrica y muchos puntos de Europa se mezclaban con los arrantzales y sus familias que se dedicaban a labores como tejer redes o vender el pescado capturado.
A mediados del siglo XVI, la cofradía de San Pedro en representación de los pescadores, se enfrentaba al concejo de la ciudad, ya que les querían prohibir vender el pescado en el muelle.
Los pescadores defendían su derecho y el de sus familias a vender directamente el pescado capturado por ellos, recordando al concejo que de los 700 núcleos familiares que vivían en la Donostia, 300 se dedicaban a la pesca.
¿Sabes cuál era la mercancía que entraba y salía del puerto de San Sebastián durante el siglo XVI?
Gracias a un documento encontrado en el archivo municipal sabemos que al muelle de Donostia llegaba: paños, pieles, sardinas, cáñamo, etc..
Mientras que desde aquí se exportaba: lana, hierro (además de armas y utensilios) y grasa de ballena, entre otra mercancía.
Hay que resaltar, que del puerto donostiarra, se exportaba la lana procedente de Navarra y Aragón, de ahí su importancia.
Además, al puerto donostiarra llegaba pescado fresco como: congrio, merluza, atún, salmón, langostas, besugos, mero, andeja, anguilas, truchas, lubinas y corcones.
Aquí, también se podían encontrar otros productos como tocino, manteca, queso, pasa, almendra, higos, jabón, aceite, haba, arbeja, nabo, repollo, pan y carne.
Las continuas luchas con los reinos vecinos, complicó sobremanera el comercio marítimo, por lo que en el siglo XVI surgió una nueva forma de vida para los marinos donostiarras: el corso.
Fue en el siglo XVII, cuando muchos marineros de San Sebastián eligieron convertirse en corsario, convirtiéndose la ciudad en el principal puerto corsario de la península.
DONOSTIA Y LA CAZA DE LA BALLENA
La caza de la ballena, fue durante siglos, una de las actividades económicas más importantes para los habitantes de la ciudad.
Y uno de las personas claves en este negocio eran los atalayeros, los vigías que se encargaban de vigilar el mar en busca de cetáceos desde la Atalaya.
Y que en el caso de Donostia se ubicó en el monte Urgull primero, y desde principios del siglo XVII en la atalaya natural que todavía existe en el monte Ulía.
Al divisarse alguna ballena cerca de la costa, los marineros se lanzaban al mar con sus txalupas y una vez capturaba la llevaban hasta el muelle, donde era troceada y se extraía el aceite y las barbas.
En un plano antiguo del muelle donostiarra, aparece nombrada la «casa donde se derrite la ballena», más o menos donde actualmente se encuentran las escaleras de acceso al Aquarium.
Cuando la ballena dejó de acercarse a la costa donostiarra, los intrépidos balleneros, navegaron por toda la costa cantábrica en busca del valioso animal, gracias a las expediciones financiadas por mercaderes de la ciudad.
Estos valientes marineros volvían al puerto de Donostia con la grasa y la carne de la ballena ya salada para su comercialización.
LA REAL COMPAÑIA GUIPUZCOANA DE CARACAS
El comienzo del siglo XVIII llegó con un gran revulsivo económico para Donostia y la provincia.
En 1728 se adjudicó a Guipúzcoa el comercio con Venezuela creándose la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas, que en 1742 conseguiría el monopolio.
La mayoría del comercio se desarrolló en el puerto de Pasajes, por lo que en 1770, el Consulado trato de atraer las naves de la Compañía al puerto de San Sebastián mediante la ampliación del mismo.
Para ello, encargaron el proyecto de ampliación al reputado arquitecto Pedro Ignacio Lizardi, quien fue uno de los autores de la basílica de Santa María del Coro.
Sin embargo, debido a problemas internos y el alto coste de la obra, de todo el proyecto finalmente solo se llevó a cabo la construcción del faro de Igeldo en 1777.
Además, las guerras contra Inglaterra, la implantación del Reglamento de Libre Comercio de 1778, y las ocupaciones francesas de principios del siglo XIX acabaron con la compañía y dañaron gravemente el comercio de Ultramar.
SIGLO XIX, UNA ÉPOCA DE GRANDES CAMBIOS PARA EL PUERTO DE DONOSTIA
El siglo XIX llegó con dos graves acontecimientos para la ciudad. El primero la segregación del puerto de Pasaia en 1805, lo que supuso un durísimo golpe económico.
Y el segundo y más importante la ocupación del ejército napoleónico y la destrucción e incendio de la ciudad el 31 de agosto de 1813.
¿Sabías que el edificio del Consulado, actual Itxas-museoa, fue uno de los pocos edificios supervivientes al incendio de 1813?
A mediados de siglo, se vio la necesidad de ampliar y mejorar el puerto, siendo el impulsor de ello el empresario Fermín Lasala (actualmente existe una plaza con su nombre en la Parte Zaharra) comenzando las obras en 1851.
Hasta entonces, el puerto estaba compuesto por varios diques y muelles.
A la altura de la Puerta de Mar (Portaletas) existía un espigón exterior denominado Kai-buru, que coincide con el actual muelle interior que separa la dársena pesquera de la deportiva.
Paralelos a este existían otros dos muelles:
Kai-mingancho, que estaba formado por rampas y varaderos, y hoy día se encuentra rellenado y Kaierdi, que coincide más o menos con el actual muelle de la Jarana.
El muelle que cerraba la dársena era el de Kai-arriba y paralelo estaba Torreko-kaia.
También había una escollera de piedra donde hoy está el muelle exterior.
Cuando había bajamar los barcos quedaban en dique seco por lo que en la reforma del ingeniero Manuel Peironcely se construyeron compuertas para mantener el nivel de agua.
Se construyó un nuevo espigón exterior a kai-buru, ensanchando y acortándose este.
Más adelante se eliminó el muelle de kai-erdi.
Los arrantzales también conocieron a partir de mediados del siglo XIX un auténtico revolución con la llegada de los barcos a vapor y el tren a la ciudad.
Además, se permitió la construcción de viviendas en el puerto para los marineros y sus familias, ya que hasta entonces tenían que vivir intramuros.
En 1849 se comenzaron a construir las primeras casas del nuevo barrio, conocido popularmente como «la Jarana», debido al bullicio y movimiento que allí reinaba.
La llegada del ferrocarril Madrid-París en 1864 y las visitas de la reina Isabel II convertirían la ciudad (excepto el lapso de la última guerra carlista), en un lugar de moda entre la aristocracia y la burguesía, cambiando su fisionomía y su futuro hasta hoy día.
SIGLO XX. DECLIVE Y TRANSFORMACIÓN DEFINITIVA DEL PUERTO DONOSTIARRA
El siglo XX fue el comienzo del fin del puerto de Donostia como puerto comercial, ya que al quedarse pequeño para los grandes barcos, estos optaron por el puerto de Pasaia.
Respecto a la flota pesquera, los barcos de arrastre también decidieron amarrar en Pasajes, mientras que en el puerto donostiarra aún resistieron los pescadores de bajura.
En 1946 se amplió el muelle mediante pilotes creándose una nueva lonja para pescado conocida como el «portaaviones».
Aún hoy, es posible ver la estructura que sustenta «el portaviones» al acceder a alguno de los barcos turísticos que han sustituido para siempre a los barcos pesqueros.
Para finales de siglo el puerto de San Sebastián dejó de ser lo que una vez fue.
Cada vez se veían menos barcos de pesca y más embarcaciones deportivas, llegando hasta la actualidad donde ya no se oyen los gritos de los arrantzales ni el ir y venir de sus familias.
Sin embargo, si miramos bien, aún podemos percibir el alma marinera del antiguo puerto pesquero y comercial en la actual ciudad que mira al turismo.
Solo hay que abrir bien los ojos y zambullirnos en la historia del puerto donostiarra.
QUÉ VER EN EL PUERTO DE SAN SEBASTIÁN
1. La Puerta del Mar
La Puerta del Mar o Portaletas era una de las entradas de las que disponían la ciudad amurallada antes del desmantelamiento de las murallas.
Sin embargo, el tramo de murallas occidental que protegían la ciudad de los ataques desde la Bahía es actualmente uno de los mejores vestigios de aquella villa encorsetada por murallas.
Además, se conserva su acceso al puerto, conocido como Puerta del Mar o Portaletas, que al igual que la Puerta de Tierra cerraba por las noches.
Actualmente es uno de los rincones más singulares de la Parte Zaharra donostiarra.
2. CAPILLA DE SAN PEDRO DE LOS MAREANTES
Uno de los edificios más destacados del barrio de pescadores de Donostia, es su pequeña iglesia marinera, la capilla de San Pedro de los Mareantes.
Construida en 1896, destaca su noble fachada y su interior con galerías reservadas para los hombres, al más puro estilo de las iglesias de Lapurdi.
LA CAPILLA DE SAN PEDRO DEL PUERTO DE DONOSTIA-SAN SEBASTIÁN
Si al visitar la zona la encontráis abierta, no dudéis en visitarla y descubrir las sorpresas que esconde en su interior.
3. EUSKAL ITXAS MUSEOA – MUSEO MARÍTIMO VASCO
La antigua Casa-Torre del Consulado de San Sebastián, uno de los pocos edificios que existían en el puerto antes del nacimiento de barrio de La Jarana, alberga el museo dedicado al patrimonio marítimo vasco.
Este edificio construido a mediados del siglo XVIII fue uno de los pocos edificios civiles que sobrevivió a la destrucción de la ciudad de 1813.
Por lo que no solo forma parte de la historia del puerto, sino que pertenecen a la memoria histórica de Donostia-San Sebastián.
4. AQUARIUM DE DONOSTIA
El Acuarium de Donostia-San Sebastián, inaugurado en 1928, es uno de los principales atractivos turísticos de la ciudad y del puerto, además de un referente en la conservación y educación ambiental.
Su origen se remonta a 1908 gracias a la iniciativa de la Sociedad Oceanográfica de Gipuzkoa que buscaba promover el conocimiento sobre la vida marina.
Desde entonces, ha experimentado diversas ampliaciones y renovaciones, destacando su compromiso con la investigación y la conservación de los ecosistemas marinos.
El acuario está ubicado en el muelle, en un antiguo edificio que combina estilo clásico y moderno.
Su interior alberga una impresionante colección de más de 200 especies marinas, incluyendo tiburones, medusas, tortugas y otros invertebrados.
Uno de los espacios más emblemáticos es el túnel acrílico, que permite a los visitantes caminar rodeados de tiburones y otras criaturas del océano, ofreciendo una experiencia inmersiva única.
Es por ello que no es de extrañar que sea el segundo museo más visitado de Euskadi, solo por detrás del Guggenheim de Bilbao.
EL BARRIO DE LA JARANA
Uno de los encantos del puerto donostiarra es su pintoresco barrio de pescadores, conocido popularmente como «La Jarana».
Aunque se considera un barrio histórico, lo cierto es que sus casas se construyeron hace menos de dos siglos, ya que antes los pescadores y su familia tenían que vivir intramuros de la ciudad.
Y es que el acceso al puerto se cerraba al escuchar la plegaria del Angelus, momento en que los pescadores tenían que regresar a sus casas, mientras que la puerta se quedaba custodiada por los sagramenteros.
Los soportales de las viviendas donde antes se resguardecían las mujeres de los arrantzales para tejer las redes y arreglar los aparejos, ahora se encuentran ocupados por restaurantes y tiendas de souvenirs.
Sin embargo, «La Jarana» no deja de ser uno de los lugares con más encanto de la ciudad.
BIBLIOGRAFÍA
• GARCÍA DE CORTÁZAR, J.A.: “Una villa mercantil: 1180-1516”
• “Las rutas marítimas y comerciales del flanco ibérico desde Galicia hasta Flandes”, Congreso El Fuero de San Sebastián y su época, Donostia, 1981
• AGUIRRE SORONDO, Antxon: “Atalayas balleneras en la costa de Gipuzkoa. Una aproximación”, Itsas Memoria. Revista de Estudios Marítimos del País Vasco, 7, Untzi Museoa-Museo Naval, Donostia-San Sebastián, 2012, pp. 389-409.












