EL ANTIGUO TREN DE ARTIKUTZA. UN VIAJE POR LA HISTORIA Y LOS BOSQUES SECRETOS DE DONOSTIA
Artikutza, un rincón mágico de Navarra perteneciente al Ayuntamiento de Donostia-San Sebastián, es uno de esos lugares que parecen guardar celosamente los secretos del pasado.
Entre hayedos centenarios, robledales, arroyos cristalinos y montañas cubiertas de vegetación, todavía sobreviven las huellas de una época en la que el silencio de estos bosques se rompía con el traqueteo de las locomotoras de vapor.
Hoy nos adentramos en Artikutza para seguir el trazado de su antiguo ferrocarril, una sorprendente infraestructura minera y forestal que atravesaba montañas, salvaba desniveles imposibles mediante ingeniosos planos inclinados y transportaba toneladas de mineral y madera hasta Gipuzkoa.
Un recorrido que nos permitirá descubrir una faceta desconocida de este paraíso natural y comprender cómo un territorio profundamente transformado por la actividad humana terminó convirtiéndose en uno de los espacios de mayor riqueza ecológica de nuestro entorno
ARTIKUTZA, UN PARAÍSO NATURAL CON UN PASADO INDUSTRIAL
Antes de comenzar nuestro viaje por la antigua vía del tren, conviene detenerse a conocer la historia de Artikutza.
La finca, situada en el término municipal de Goizueta, en Navarra, ocupa aproximadamente 3.686 hectáreas de montañas, bosques y pequeños valles atravesados por innumerables regatas.
Un territorio privilegiado por su extraordinaria pluviosidad, donde el agua brota entre las rocas, se desliza por las laderas y alimenta arroyos y cascadas que mantienen vivo este extraordinario ecosistema.
Sin embargo, la imagen idílica que hoy tenemos de Artikutza contrasta profundamente con su pasado.
Durante siglos, estas montañas fueron un importante centro de explotación forestal y minera.
La abundancia de agua y madera, junto con la presencia de yacimientos de hierro, cobre y caolín, favoreció el desarrollo de una intensa actividad industrial.
Las ferrerías necesitaban grandes cantidades de carbón vegetal para alimentar sus hornos, mientras que los astilleros y otras industrias demandaban madera procedente de los bosques.
A ello se sumaron las explotaciones mineras, los hornos de calcinación, los aserraderos y las pequeñas centrales eléctricas.
Artikutza era entonces un territorio mucho más poblado y transformado.
Sus laderas soportaban una intensa explotación forestal y sus caminos estaban recorridos por trabajadores, animales de carga y sistemas de transporte que conectaban las distintas explotaciones.
Fue precisamente para facilitar el traslado de toda aquella producción por un territorio tan abrupto cuando surgió la necesidad de construir un ferrocarril.
EL ANTIGUO FERROCARRIL DE ARTIKUTZA. UNA OBRA DE INGENIERÍA ENTRE MONTAÑAS
A finales del siglo XIX, el transporte de mineral y madera desde las explotaciones de Artikutza hasta los centros industriales de Gipuzkoa constituía un importante desafío.
La accidentada orografía de la zona dificultaba enormemente el traslado de mercancías.
Para resolver este problema se proyectó un pequeño ferrocarril minero y forestal que comunicaría las explotaciones de Artikutza con Errenteria, donde enlazaría con la línea ferroviaria de la Compañía del Norte.
El primer tramo, entre las minas de Zorrola, en el barrio de Karrika (Oiartzun), y Errenteria, comenzó a funcionar en 1898.
Posteriormente, la línea se prolongó hasta el interior de Artikutza, conectando las explotaciones mineras y forestales del valle.
El resultado fue una extraordinaria infraestructura de aproximadamente 30 kilómetros de longitud y un ancho de vía de apenas 600 milímetros.
Llegó a convertirse en el ferrocarril de mayor recorrido de la península ibérica construido con este reducido ancho de vía.
Pero lo verdaderamente sorprendente de aquella obra era la manera en que conseguía atravesar un territorio montañoso y salvar los enormes desniveles existentes entre Navarra y Gipuzkoa.
Para ello se construyeron túneles, puentes y tres espectaculares planos inclinados, dos en la vertiente guipuzcoana y uno en la navarra.
Estos planos eran ingeniosas rampas con dos vías paralelas por las que los vagones ascendían y descendían mediante un sistema de cadenas y contrapesos.
En algunos casos se utilizaban vagones cargados de agua para hacer bajar una de las vías y facilitar el ascenso de los vagones cargados de mineral por la otra.
Uno de los sistemas más llamativos era el plano inclinado de San Rafael, cuyo funcionamiento mediante contrapeso hidráulico permitía superar uno de los desniveles más complicados del recorrido.
El funcionamiento del ferrocarril requería una compleja organización. Los vagones debían desengancharse, trasladarse mediante los planos inclinados y volver a engancharse a las locomotoras que continuaban el trayecto.
Todo ello exigía numerosos trabajadores y varias locomotoras para completar cada recorrido.
A pesar de su ingenio, el sistema resultaba lento y costoso. La rentabilidad de las explotaciones no justificaba semejante infraestructura y, finalmente, el ferrocarril dejó de funcionar en 1917.
ARTIKUTZA CAMBIA DE RUMBO. EL AGUA COMO GRAN TESORO
El final del ferrocarril estuvo estrechamente relacionado con uno de los acontecimientos más importantes de la historia reciente de Artikutza: su adquisición por parte del Ayuntamiento de San Sebastián.
A comienzos del siglo XX, Donostia experimentaba un importante crecimiento demográfico y necesitaba garantizar el suministro de agua potable para su población.
Artikutza reunía unas condiciones excepcionales. Sus abundantes precipitaciones, sus numerosos manantiales y la calidad de sus aguas convertían este territorio en un auténtico tesoro natural.
En 1917, el Ayuntamiento donostiarra adquirió la finca con el objetivo de proteger sus recursos hídricos y garantizar el abastecimiento de agua de la ciudad.
La nueva finalidad de Artikutza supuso un cambio radical.
Para preservar la calidad de las aguas se decidió poner fin a las actividades mineras e industriales que pudieran comprometer la salubridad de los cauces.
Las explotaciones fueron cerrando, el ferrocarril quedó desmantelado y buena parte de la población abandonó el valle.
Comenzaba así una nueva etapa en la historia de Artikutza.
Con el paso de las décadas, la vegetación fue recuperando las laderas, los bosques volvieron a extenderse y los antiguos caminos industriales quedaron ocultos bajo helechos, musgos y árboles.
La naturaleza fue borrando lentamente las huellas de aquella intensa actividad humana.
Hoy, más de un siglo después, resulta difícil imaginar que estos mismos parajes fueron escenario de una actividad industrial tan intensa.
SIGUIENDO LAS HUELLAS DEL ANTIGUO TREN DE ARTIKUTZA
Comenzamos nuestro itinerario en Eskas, la entrada principal a la finca de Artikutza, situada en las proximidades del collado de Bianditz.
Desde aquí nos adentramos en un paisaje donde los bosques, las montañas y el agua son los grandes protagonistas.
El recorrido nos invita a imaginar el antiguo trazado ferroviario y a descubrir los vestigios que todavía permanecen escondidos entre la vegetación.
La antigua vía discurría por un territorio de fuertes pendientes, atravesando bosques y salvando los desniveles mediante túneles, puentes y planos inclinados.
Hoy, buena parte de aquella infraestructura ha desaparecido o ha quedado integrada en el paisaje, pero todavía es posible reconocer algunos de sus elementos.
EL TÚNEL DE BIANDITZ. UNA PUERTA AL PASADO
Uno de los vestigios más interesantes del antiguo ferrocarril es el túnel que atraviesa el entorno del collado de Bianditz.
Esta infraestructura permitía al tren superar la montaña y comunicar las vertientes navarra y guipuzcoana.
Su presencia nos recuerda la enorme dificultad técnica que supuso construir una línea ferroviaria en un territorio tan abrupto.
El túnel, antiguamente parcialmente oculto por la vegetación y el paso del tiempo y hoy día acondicionado para transitar por el, conserva ese aire misterioso de las antiguas construcciones abandonadas que parecen resistirse a desaparecer.
Es un buen lugar para detenernos, respirar profundamente y disfrutar de la tranquilidad de uno de los rincones más especiales de nuestro territorio.
PUENTES DE PIEDRA Y ANTIGUOS CAMINOS FERROVIARIOS
Continuamos siguiendo la huella del antiguo tren entre bosques y caminos que poco a poco han sido reconquistados por la naturaleza.
Uno de los elementos más evocadores del recorrido es el antiguo puente de piedra sobre el arroyo de Iturla.
Integrado en el paisaje, constituye un pequeño testimonio de aquella infraestructura ferroviaria que durante años transportó mineral y madera por estas montañas.
El contraste resulta extraordinario. Allí donde antes circulaban vagones cargados de mineral, hoy encontramos un entorno dominado por el murmullo del agua, el canto de los pájaros y el movimiento de las hojas.
A medida que avanzamos, podemos imaginar el esfuerzo de los trabajadores que construyeron y mantuvieron aquella línea ferroviaria, abriendo caminos en la montaña y levantando complejas infraestructuras en lugares que hoy parecen completamente aislados.
LA NATURALEZA RECUPERA ARTIKUTZA. UN REFUGIO DE BIODIVERSIDAD
Si algo hace especial a Artikutza es su extraordinaria riqueza natural.
La desaparición de las actividades industriales y la protección de sus recursos hídricos permitieron que el territorio recuperase progresivamente buena parte de su cubierta vegetal.
Hoy encontramos un extenso mosaico de hayedos, robledales y bosques de ribera que envuelven las montañas y acompañan el curso de innumerables arroyos.
Los hayedos adquieren una belleza especial durante el otoño, cuando las hojas se tiñen de ocres, dorados y rojizos y cubren los senderos con una alfombra vegetal.
En primavera, el bosque despierta entre verdes intensos, musgos y helechos, mientras el agua continúa deslizándose por las pequeñas regatas.
La humedad constante favorece la presencia de una vegetación exuberante y de numerosos hábitats que convierten Artikutza en un auténtico refugio de biodiversidad.
Sus bosques albergan una interesante fauna silvestre.
Corzos, jabalíes, gatos monteses y numerosas especies de aves encuentran aquí un territorio adecuado para alimentarse, reproducirse y refugiarse.
El agua es otro de los grandes tesoros de Artikutza. Los arroyos y regatas recorren el bosque, alimentan pequeñas cascadas y mantienen vivos unos ecosistemas de enorme valor ambiental.
No es casualidad que este lugar se haya convertido en uno de los espacios naturales mejor conservados de nuestro entorno.
Su protección ha permitido preservar un paisaje donde la naturaleza sigue marcando el ritmo de las estaciones.
UN VIAJE AL PASADO ENTRE BOSQUES Y MONTAÑAS
Recorrer los antiguos caminos del tren de Artikutza es mucho más que realizar una excursión por un paisaje extraordinario.
Es viajar en el tiempo y descubrir la historia de un territorio que pasó de ser un importante centro minero y forestal a convertirse en un auténtico santuario natural.
Entre túneles olvidados, puentes de piedra y caminos cubiertos de vegetación todavía podemos escuchar, con un poco de imaginación, el eco de aquellas locomotoras que atravesaban las montañas cargadas de mineral.
Pero hoy son el agua, los bosques y la vida salvaje quienes han recuperado el protagonismo.
nos recuerda que la naturaleza tiene una extraordinaria capacidad para regenerarse cuando se le permite hacerlo.
Y quizá esa sea la mayor belleza de este lugar: descubrir que, bajo la exuberancia de sus hayedos y el murmullo de sus arroyos, todavía permanece viva la memoria de un pasado industrial que el bosque ha sabido abrazar.
SENDERO PR-Gi 1007. LA ANTIGUA VÍA FÉRREA DE ARTIKUTZA
⏱️ Duración: 3 h 50 min
🥾 Distancia: 11,2 km
⛰️ Dificultad: Difícil
⬆️ Ascenso acumulado: 728 m
⬇️ Descenso acumulado: 146 m
🗺️ Recorrido: Karrika – Eskas
📍 Inicio: Karrika (Oiartzun)
🏁 Final: Eskas (Nafarroa)
🌲 Una ruta entre bosques, antiguas vías y túneles
Aunque el itinerario oficial del sendero PR-Gi 1007 comienza en el barrio de Karrika, en Oiartzun, y termina en Eskas, la dificultad del recorrido hace que no sea una excursión adecuada para todos los públicos.
Si viajamos con niños o simplemente queremos disfrutar de una caminata más tranquila, recomiendo comenzar en sentido contrario, desde Eskas, donde se encuentra el aparcamiento de acceso a Artikutza.
Desde allí podemos recorrer un tramo de la antigua vía ferroviaria y adentrarnos en uno de los rincones más fascinantes de este bosque.
🚶♂️ Mi recomendación: merece especialmente la pena caminar hasta el túnel de Bianditz.
Atravesarlo es una experiencia muy especial, una pequeña aventura que nos permite imaginar cómo era el antiguo trazado ferroviario y el trasiego de trenes que durante décadas recorrieron estas montañas.
🌳 A lo largo del camino nos acompañarán los sonidos del bosque, la humedad de la montaña, los helechos y los grandes árboles que han ido recuperando el espacio que un día ocuparon las vías.
Un recorrido en el que naturaleza e historia se dan la mano y que nos permite descubrir Artikutza desde una perspectiva diferente.







