LOS CROMLECHS DE KAUSO I Y II. UN VIAJE A LA PREHISTORIA EN LAS MONTAÑAS DE OIARTZUN
En las montañas que rodean Oiartzun, los antiguos habitantes de estas tierras dejaron hace miles de años pequeñas huellas de piedra que todavía hoy podemos descubrir entre los montes y los cordales.
Son los cromlechs pirenaicos, monumentos funerarios que forman parte de uno de los conjuntos megalíticos más importantes de Gipuzkoa.
Y entre todos ellos, los cromlechs de Kauso I y Kauso II son una magnífica excusa para calzarse las botas, abandonar durante un rato el ruido de la ciudad y emprender un pequeño viaje hacia la prehistoria.
LA ESTACIÓN MEGALÍTICA DE OIARTZUN
La estación megalítica de Oiartzun está formada por 13 monumentos y constituye una de las mayores concentraciones de restos megalíticos de Gipuzkoa.
La mayoría son cromlechs, aunque también encontramos conjuntos en los que se agrupan varios monumentos e incluso otros tipos de estructuras megalíticas, como menhires y dólmenes.
Estos vestigios se distribuyen por los cordales y montañas que se elevan desde Oiartzun hacia Bianditz, en un paisaje de pastos, lomas y bosques que conserva buena parte de la esencia montañosa de Euskal Herria.
Algunos se encuentran además dentro del entorno del Parque Natural de Aiako Harria (Peñas de Aia), uno de esos paisajes gipuzkoanos capaces de hacer que una sencilla excursión se convierta en un auténtico viaje.
La estación megalítica de Oiartzun reúne, entre otros, los siguientes monumentos:
• Cromlechs de Arritxulangaña.
• Cromlech de Arritxurieta.
• Crómlechs de Basate.
• Cromlechs de Egiar.
• Cromlech de Elorrietako Gaña.
• Cromlechs de Kauso I y II.
• Cromlechs de Munerre.
• Cromlechs de Oianleku Norte y Sur.
• Cromlechs de Urkullu Txiki Egia.
• Cromlech de Arritxurietako Gaña.
• Dolmen de Gainzabal.
Una auténtica colección de pequeñas arquitecturas prehistóricas repartidas por la montaña.
KAUSO I Y KAUSO II: PIEDRAS QUE MIRAN AL PAISAJE
Quizá los cromlechs de Kauso no sean los monumentos megalíticos más espectaculares de Gipuzkoa.
Sus piedras son discretas y, en algunos casos, apenas sobresalen del terreno.
Pero precisamente ahí reside parte de su encanto.
Porque para descubrirlos hay que mirar con otros ojos.
No estamos ante grandes construcciones que dominan el paisaje. Son pequeños círculos de piedra que aparecen integrados en él, como si hubieran formado parte de estas montañas desde siempre.
Y además tienen un aliciente añadido: su ubicación.
Desde las lomas de Kauso, el paisaje se abre ante nosotros y permite comprender por qué estos lugares fueron elegidos hace miles de años.
Son espacios elevados, abiertos y con una gran visibilidad sobre el entorno.
Aquí, entre el verde de los pastos y el silencio de la montaña, es fácil imaginar a quienes caminaron por estos mismos lugares hace más de dos mil años.
CROMLECHS DE KAUSO I
El conjunto de Kauso I se encuentra en el collado de Kausoko lepoa, a unos 615 metros de altitud, entre las elevaciones de Kausorogaña y Kausorotxiki.
Está formado por dos cromlechs.
El primero presenta unos 4 metros de diámetro y está compuesto por 21 testigos de granito.
Se trata de un monumento funerario de la Edad del Hierro descubierto en 1981 por Luis del Barrio y Txomin Ugalde.
A pocos metros encontramos un segundo cromlech, algo más difícil de localizar debido a su aspecto tumular.
Está formado por 17 testigos, tiene aproximadamente 7 metros de diámetro en dirección norte-sur y 6,50 metros en dirección este-oeste, con una altura cercana a los 65 centímetros.
Dos pequeños círculos de piedra que, vistos hoy, pueden parecer casi insignificantes.
Pero basta detenerse un momento junto a ellos para recordar que fueron levantados por personas que vivieron en estas montañas hace miles de años y que eligieron este lugar para depositar a sus muertos.
CROMLECHS DE KAUSO II
Si desde Kauso I levantamos la mirada hacia la loma de Kausotxiki, encontraremos el segundo conjunto.
Los cromlechs de Kauso II se encuentran a unos 638 metros de altitud, en la cima de esta colina que forma parte del cordal de Bianditz.
Aquí encontramos tres cromlechs.
El primero tiene unos 6,50 metros de diámetro y conserva alrededor de 17 testigos, algunos de ellos de considerable tamaño.
El segundo alcanza aproximadamente 7,40 metros de diámetro y está formado por unos 16 testigos, también de grandes dimensiones.
El tercero es más pequeño, con unos 3,50 metros de diámetro y alrededor de seis testigos de menor tamaño.
Todos ellos fueron construidos utilizando granitos procedentes del entorno.
Y aunque las piedras puedan parecer sencillas, el conjunto adquiere una dimensión especial cuando se contempla dentro del paisaje.
Tres círculos de piedra sobre una loma.
El viento, el silencio, las montañas al fondo y la sensación de que, durante unos instantes, estamos caminando por un paisaje que apenas ha cambiado desde hace siglos.
O quizá milenios.
UN PAISAJE PARA CAMINAR SIN PRISA
Una de las razones por las que merece la pena acercarse hasta Kauso es que la visita no consiste únicamente en contemplar unos monumentos arqueológicos.
El verdadero atractivo está en el camino y en el paisaje.
Las montañas de Oiartzun forman parte de ese territorio en el que naturaleza e historia aparecen continuamente entrelazadas.
Los antiguos caminos ganaderos, las zonas de pasto, los collados y las líneas de cresta fueron durante siglos lugares de paso para quienes se desplazaban con sus rebaños buscando los mejores pastos.
Y es precisamente en estos espacios abiertos y elevados donde encontramos muchos de los cromlechs pirenaicos.
Por eso, cuando llegamos hasta Kauso, resulta inevitable pensar que estas piedras no fueron colocadas aquí por casualidad.
Formaban parte de un paisaje vivido.
Un paisaje de pastores, caminos, montañas y ceremonias funerarias que hoy podemos recorrer con la tranquilidad de quien ha llegado miles de años tarde.
CÓMO LLEGAR A LOS CROMLECHS DE KAUSO
El acceso más sencillo parte de Oiartzun, tomando la carretera que asciende hacia Artikutza.
Entre los kilómetros 22 y 23, poco después de pasar el collado de Uzpuru, encontramos a la derecha de la carretera un amplio aparcamiento.
Muy cerca de este aparcamiento se localizan los dos cromlechs tumulares de Kauso I.
Para llegar hasta Kauso II, basta ascender unos metros desde el aparcamiento hasta la loma herbosa que lo domina.
Allí encontraremos el conjunto formado por los tres cromlechs.
Aunque algunos de ellos pueden resultar difíciles de identificar a primera vista, merece la pena detenerse y observar el terreno con calma.
En este tipo de monumentos, mirar es también una forma de viajar.
¿QUÉ SON LOS CROMLECHS PIRENAICOS?
Los cromlechs pirenaicos son monumentos funerarios prehistóricos formados por círculos de piedras.
A diferencia de los grandes monumentos megalíticos, los cromlechs pirenaicos son generalmente mucho más pequeños, con diámetros que suelen situarse entre los 3 y 7 metros.
Se construyeron principalmente durante el Bronce Final y la Edad del Hierro, y están relacionados con rituales funerarios de incineración.
Las cenizas de los difuntos eran depositadas en el interior del círculo.
Suelen encontrarse en lugares elevados y con buena visibilidad, como collados, lomas y líneas de cresta, muchas veces vinculados a antiguas zonas de pastoreo y rutas de trashumancia.
Una de sus características más interesantes es que pueden aparecer aislados o formando conjuntos, como ocurre precisamente en Kauso I y Kauso II.
En euskera también reciben nombres tradicionales como jentilbaratza, mairubaratza o baratza.
KAUSO, UN PEQUEÑO VIAJE HACIA EL PASADO
Quizá lo más fascinante de los cromlechs de Kauso no sea su tamaño ni la espectacularidad de sus piedras.
Es saber que, entre las montañas de Oiartzun, existen unos pequeños círculos de granito que fueron construidos hace más de dos mil años y que todavía permanecen allí, silenciosos, formando parte del mismo paisaje.
El tiempo ha borrado muchas de las historias que sucedieron alrededor de estas piedras.
No sabemos quiénes fueron aquellas personas, qué sintieron al despedir a sus muertos o qué significaban exactamente para ellos estos círculos.
Pero las piedras permanecen.
Y nosotros podemos acercarnos hasta ellas, caminar por las mismas lomas, sentir el viento sobre la montaña y contemplar el paisaje.
Quizá esa sea la magia de Kauso: viajar al pasado sin necesidad de abandonar el presente.
Porque en las montañas de Oiartzun la historia no siempre se encuentra detrás de las vitrinas de un museo.
A veces está ahí fuera.
Esperándonos en mitad del camino.







