EL TEATRO VICTORIA EUGENIA DE DONOSTIA-SAN SEBASTIÁN, HISTORIA Y DESCRIPCIÓN
El Teatro Victoria Eugenia es, sin duda, uno de los íconos más resplandecientes de Donostia-San Sebastián.
Como un virtuoso intérprete en un concierto de música clásica, este teatro no solo ha sido escenario de innumerables actos artísticos a lo largo de su historia, sino que también es un ícono arquitectónico de la ciudad.
Prepárate para descubrir, a través de un recorrido por su historia, cómo el Victoria Eugenia se asemeja a un maravilloso concierto que comenzó a principios del siglo XX y que no tiene visos de acabar todavía.
UN ACONTECIMIENTO HISTÓRICO, LOS PRIMEROS ACORDES DEL VICTORIA EUGENIA
La historia del Teatro Victoria Eugenia comienza a principios del siglo XX, en 1912 para ser precisos.
Sin embargo, su gestación comenzó mucho antes, durante la construcción del ensanche oriental en 1882.
Unos años antes, la ciudad logró desembarazarse del corsé amurallado que impedía su crecimiento, comenzando a expandirse gracias a los nuevos ensanches.
El terreno donde se construyó el teatro, pero también parte del actual Boulevard con su Mercado de la Bretxa y otros edificios fue ganado al mar y a la desaparecida muralla gracias al ingente esfuerzo y ambición de los y las donostiarras.
En una época en la que Donostia brillaba como un destino turístico de élite, gracias a los veraneos de la familia real, la creación de este teatro fue un impulso creativo y cultural, análogo al momento en que un director de orquesta levanta su batuta para dar comienzo a una sinfonía.
Sin embargo, el proyecto del nuevo y elegante teatro no nació solo, sino que se proyectó junto a un hermoso hotel, el María Cristina.
Juntos, cambiarían la fisionomía de una parte de la ciudad y la afianzarían como una de los destinos más exclusivos de la Europa de principios del siglo XX.
Los impulsores del ambicioso plan, se unieron en torno a la Sociedad Anónima de Fomento de San Sebastián, que se constituyó en 1902.
CONSTRUCCIÓN DEL TEATRO VICTORIA EUGENIA
Tras muchas reuniones y cambios, el ayuntamiento cedió el terreno a la sociedad con la condición de que volviese a ser propiedad municipal en 70 años.
Además de que los nuevos edificios deberían estar construidos en piedra sillería y estar ricamente decorados.
El coste del proyecto ascendería hasta el 1.000.000 de pesetas y el teatro tendría espacio para 1.300 espectadores.
Además, la sociedad se comprometía a crear un jardín acristalado en la parte sur del teatro, para el uso de los vecinos los días de mal tiempo.
El arquitecto que tuvo la responsabilidad de este ambicioso proyecto fue el célebre Francisco de Urcola, quien incorporó una mezcla de estilos eclécticos y neorenacentista que armonizó perfectamente con la elegancia de la ciudad.
Según una de las cláusulas municipales, el teatro se debía construir con piedra sillería, adoptando el estilo arquitectónico del «Renacimiento español» y huyendo de modernismos.
Al vestíbulo, se debía entrar desde la fachada principal por tres grandes huecos, encontrándose aquí la majestuosa escalera de honor de mármol.
Inaugurado el 31 de julio de 1912, el teatro fue un regalo a la ciudad, diseñado para satisfacer los anhelos artísticos de sus habitantes y visitantes.
Desde sus primeros acordes, el Victoria Eugenia se ha convertido en un epicentro de la cultura, donde la música, el teatro y la danza se entrelazan como las notas de una partitura.
DESCRIPCIÓN DEL TEATRO. UNA SINFONÍA MUSICAL
Entrar al Teatro Victoria Eugenia es similar a caminar hacia el auténtico corazón de una obra maestra musical.
El lujoso vestíbulo nos da la bienvenida como una suave introducción que nos prepara para la grandeza que está por venir.
Las escaleras se encuentran ricamente decoradas con los paneles de Ascensión Martiarena, quien representó las alegorías de la música, la danza y la poesía.
Las butacas rojas, dispuestas en un orden impecable, son como instrumentos afinados listos para la interpretación, susurrando promesas de emociones por vivir.
Estas se dividen en cuatro pisos. En los dos últimos pisos se encuentran las localidades del Anfiteatro y Paraíso, mientras que la parte baja está ocupada por el patio de butacas y las plateas.
Sin embargo, la atención se dirige al primer piso, donde se encuentran los palcos, destacando entre todos el Palco Real, el cual era reservado para la Familia Real y las autoridades.
El auditorio, con su impresionante capacidad para alrededor de 1.000 espectadores, se revela ante nosotros como un majestuoso escenario donde las luces brillan como estrellas sobre un fondo negro.
Las ornamentaciones doradas y los balcones ofrecen un espectáculo visual que nos transporta a la Belle Époque, similar a la forma en que un crescendo musical puede elevar nuestra alma.
Sin embargo, lo más destacable de su interior, es su bóveda pintada por el artista Ignacio Ugarte, en la que se mezclan personajes mitológicos con escenas cotidianas de la San Sebastián de principios de siglo.
Y es que cada rincón del teatro está impregnado de historia, como si cada ladrillo contara una anécdota, resonando en nuestras memorias como las notas de un viejo y querido acorde.
Para su construcción, se utilizaron los mejores materiales, mezclándose la piedra caliza con piedra arenisca de Igeldo y Ulia. Y el mármol con madera de pino de tea y roble.
UN REPERTORIO DIVERSO Y PARA TODOS LOS GUSTOS ARTÍSTICOS
A lo largo de su historia, el Victoria Eugenia ha ofrecido un vasto repertorio de espectáculos, al igual que una orquesta clásica que presenta variaciones desde el barroco hasta el contemporáneo.
Desde su inauguración, el 20 de julio de 1912, ha sido testigo de obras de teatro, ballets, conciertos y actuaciones de algunos de los artistas más renombrados a nivel internacional.
Y precisamente en su inauguración, se reunió lo más selecto de la aristocracia que veraneaba en nuestra ciudad, para presenciar la actuación de la gran actriz María Guerrero, protagonista de En Flandes se ha puesto el sol.
Al día siguiente de la inauguración, acudió la Familia Real para observar tan bello monumento que había sido bautizado en honor de la Reina Victoria.
Las grandes orquestas han tenido su lugar en este escenario, así como la música popular y la danza contemporánea, creando un crisol de géneros que satisfacen todos los gustos.
Por ejemplo, cuando la Orquesta Sinfónica de Euskadi se presenta en este emblemático lugar, es como si las cuerdas se fundieran con la acústica perfecta del teatro, ofreciendo una experiencia auditiva sublime que atrapa a cada asistente.
EL EXTERIOR DEL TEATRO VICTORIA EUGENIA, LA BELLEZA QUE SE REFLEJA EN EL URUMEA
El arquitecto fue especialmente detallista en el diseño de las fachadas, ya que debían estar a la altura de la belleza de la ciudad y de los más refinados teatros europeos.
En el río Urumea, se reflejan las esbeltas columnas corintias de la fachada principal, así como el escudo de la ciudad sujetado por dos figuras femeninas, tal vez las musas que bendijeron al arquitecto.
Mientras que la fachada que da a la calle Okendo se encuentra jalonada de medallones con grandes artistas como el tenor Gayarre o el compositor Gaztambide.
Además de artísticos grupos escultóricos que representan la música, la danza, la comedia y la tragedia.
En la fachada que mira a la Plaza Okendo, destacan sus ventanas formadas por bellos arcos y pilastras de orden corintio y toscano, rematadas por el frontón donde se representa un animal mitológico.
Pero si nos fijamos bien, veremos que la pared se encuentra cosida por agujeros de bala, aunque sin llegar al nivel de la fachada del María Cristina.
Estas cicatrices son el recuerdo de los primeros días de la guerra civil en que la Plaza Okendo se convirtió en un campo de batalla entre los sublevados y los milicianos fieles a la República.
CONCLUSIÓN
En su larga trayectoria, el Teatro Victoria Eugenia ha sido testigo de momentos inolvidables que han dejado huella en el corazón de la ciudad.
Así como una gran interpretación de una sinfonía puede crear un eco duradero en la memoria de quienes la escuchan, cada actuación aquí se convierte en un recuerdo atesorado.
Actuaciones de artistas como Plácido Domingo o el ballet del Teatro Mariinsky han llenado el aire de emociones, haciendo que el público estalle en aplausos como un final arrebatador de un concierto.
Además, el teatro ha sido un punto focal durante el Festival Internacional de Cine de San Sebastián, donde las estrellas del celuloide caminan por sus pasillos, aportándole un brillo especial.
En conclusión, el Teatro Victoria Eugenia es mucho más que un simple edificio; es un símbolo de la cultura y el arte en Donostia-San Sebastián, un lugar donde cada función es un acto de amor hacia la creatividad y la belleza.
Al igual que un concierto de música clásica, cada aspecto del teatro –desde su arquitectura hasta su programación– se une en perfecta armonía para ofrecer un espectáculo que deleita los sentidos.
Así que, la próxima vez que entres en el Victoria Eugenia, detente un momento y escucha. Escucha el murmullo de la historia, las risas del público y los suspiros de emoción.
Porque, al final del día, el Teatro Victoria Eugenia no es solo un espacio físico; es un legado viviente donde cada espectáculo es un nuevo acorde en la sinfonía interminable de la cultura.
¡Que siga resonando por muchos años más!






