Parte Zaharra

PORTALETAS O LA PUERTA DEL MAR DE DONOSTIA-SAN SEBASTIÁN

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PORTALETAS, LA PUERTA DEL MAR DE DONOSTIA-SAN SEBASTIÁN TESTIGO DE SU HISTORIA

Soy la Puerta del Mar, también conocida como las Portaletas o Portalón, un viejo guardián de la ciudad de Donostia-San Sebastián.

Desde mi posición, he sido testigo de los vaivenes de historia que han marcado esta bella ciudad y su puerto a lo largo de los siglos.

Puerta de Mar de la muralla de San Sebastián

A través de mis arcos se han asomado muchas vidas, sueños y aspiraciones, pero también temores y miedos.

Temor a que el marido o el hijo no volviese de la mar, o miedo a que el enemigo bloquease la bahía dejando sin suministros la ciudad.

Y es que desde mi nacimiento en el siglo XV hasta la actualidad, he visto cambiar tanto mi amada ciudad…

Puedo contar con orgullo que fui la fortificación más importante de la muralla del mar.

He aquí mi historia:

HISTORIA DE PORTALETAS

Mi existencia se remonta a finales del siglo XV, cuando fui concebida como una de las puertas de acceso a las murallas que protegían a San Sebastián de los ataques enemigos.

Conectando el vital puerto con la ciudad intramuros, que estuvo ceñida por imponentes murallas hasta que fueron derribadas en 1863.

EL PUERTO DE DONOSTIA-SAN SEBASTIÁN

En aquel entonces, el puerto era un bullicio de actividad: barcos mercantes y pesqueros atracaban en sus muelles, llevando consigo tesoros del mar Cantábrico y mucho más allá.

Puedo recordar las risas de niños corriendo por el paseo junto a mis muros, así como las preocupaciones de los comerciantes que esperaban ansiosos la llegada de las embarcaciones con sus mercancías.

Cada día era un espectáculo; el ir y venir de la gente era una danza vibrante en la que yo, con mis piedras desgastadas, jugaba un papel crucial.

Puerta del Mar San Sebastián

Y es que en aquella Donostia amurallada, solamente existían dos accesos, la Puerta de Mar y la Puerta de Tierra, ya desaparecida y que se encontraba en el actual Boulevard.

Además, al llegar la noche nuestras puertas eran cerradas de par en par, por lo que los infortunados que no llegaban a tiempo tenían que quedarse a dormir bajo el abrigo de las murallas.

O pernoctar en alguna fonda de alguno de los pocos barrios que existían extramuros (San Martín y Santa Catalina)

Puedo contar con orgullo que fui la fortificación más importante del Frente del Mar, formado por una muralla de mampostería de 2 m de grosor que se encontraba paralela a la muralla medieval.

Frente de Mar San Sebastián

Y entre las dos murallas, vi cómo crecía un bullicioso arrabal de pescadores que esperaban ansiosos mi apertura para echarse a la mar después de oír la primera misa en San Vicente.

También fui testigo de aquel infame día, 31 de agosto de 1813, cuando la ciudad resultó destruida por las tropas anglo-portuguesas.

Sin embargo, como otras tantas veces mi querida Donosti renació como un ave fénix, siendo reconstruida para convertirse en una ciudad moderna y ordenada.

El arrabal de pescadores fue demolido, pero en 1850 el muelle fue ampliado, creándose un nuevo barrio de pescadores extramuros de la ciudad: el barrio de La Jarana.

El puerto volvía a bullir de actividad y bajo mis arcos pasaban cientos de personas al día: marineros, comerciantes, soldados y niños haciendo travesuras daban vida al nuevo muelle donostiarra.

Con el tiempo, el turismo comenzó a florecer. La belleza de la bahía de La Concha capturaron el corazón de miles de visitantes.

Este fenómeno me mostró una nueva faceta de la ciudad: la de ser un destino apreciado por reyes y reinas con todo el movimiento de visitantes que ello conlleva.

Los paseantes, que pasaban a menudo por mis puertas, traían consigo historias de sus tierras natales, y yo, en silencio, las escuchaba a todas.

Hoy día, la transformación sigue presente. He visto cómo los viejos muelles dan paso a paseos marítimos cargados de bares, restaurantes y terrazas que invitan a disfrutar del lugar.

Puerto de San Sebastián

Aunque algunas de mis piedras han sido reemplazadas y mis puertas fueron definitivamente retiradas, me esfuerzo por mantener la esencia de aquellos tiempos donde el tiempo pareciera detenerse.

Mi función se ha adaptado; ya no solo soy una puerta de defensa, sino también un símbolo del legado cultural de Donostia.

Y es que cada 22 de mayo aún sigue celebrándose junto a mis arcos el día de Santa Rita y Santa Quiteria, donde se recuerda a las personas que perdieron la vida en la mar.

DESCRIPCIÓN DE PORTALETAS O LA PUERTA DEL MAR DE SAN SEBASTIÁN

Portaletas disponía de tres entradas.

Una que miraba hacia la Bahía, otra la central y mayor que miraba hacia el puerto y una tercera que daba acceso a la ciudad intramuros a través de la actual calle Puerto.

Portaletas San Sebastián

En su parte superior, donde hoy día se encuentra un bello mirador, existió un pequeño cuartel, que consistía en una construcción cubierta para el cuerpo de guardia.

Además, en el siglo XVIII se colocaron dos piezas de artillería para reforzar las baterías de Urgull.

La Puerta del Mar de Donostia también ha perdido el reloj y barómetro con los que contaba antiguamente, y su paseo de ronda se ha convertido en un pintoresco paseo desde donde observar el puerto para vecinos y turistas.

Murallas del puerto de Donostia

CONCLUSIÓN

A través de mis arcos, sigo observando la vida que fluye en Donostia-San Sebastián: familias disfrutando de un día festivo jóvenes artistas buscando inspiración, y ancianos compartiendo sus relatos.

Que ver en la Parte Vieja de Donostia.

La ciudad ha cambiado, pero su esencia sigue viva.

Soy la Puerta del Mar, un vínculo entre el pasado y el presente, un recordatorio de que, aunque el tiempo avance, siempre habrá historias que contar.

Así que, paseante, si alguna vez cruzas mis umbrales, toma un momento para apreciar lo que representa Portaletas: no solo una entrada, sino un umbral a la memoria colectiva de una ciudad que, a pesar de los cambios, mantiene su alma intacta.

Recuerda que cada rincón tiene una historia que merece ser escuchada y que cada puerta, aunque antigua y desgastada, guarda en su interior las vivencias de quienes han atravesado su camino.

UBICACIÓN DE LA PUERTA DEL MAR DE DONOSTIA-SAN SEBASTIÁN O PORTALETAS 

 

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