EL BARRIO DE LA JARANA DE DONOSTIA-SAN SEBASTIÁN. EL ALMA MARINERA DE LA CIUDAD
El barrio de la Jarana de Donostia-San Sebastián, es uno de los barrios con más solera de nuestra ciudad.
Aunque su esencia marinera casi ha desaparecido debido a la transformación del antiguo puerto pesquero en un puerto deportivo, aún es posible adivinar la huella que dejaron los arrantzales entres los viejos muros de sus casas.
Ya no es posible ver los curtidos arrantzales descargando su mercancía, ni sus mujeres arreglando pacientemente las redes.
Los puestos que vendían quisquillas y karrakelas han desaparecido, pero el alma marinera del barrio va a perdurar por siempre por muchos cambios que sufra la Bella Easo.
HISTORIA DEL BARRIO DE LA JARANA DE DONOSTIA
Aunque el actual puerto de Donostia, se remonta a la fundación de la villa por Sancho el Sabio en 1180, es posible que anteriormente ya existiese un primitivo puerto al abrigo del monte Urgull.
Sin embargo, los marinos y sus familias vivían intramuros de la villa, ya que las puertas de las murallas se cerraban al anochecer.
Cuando se construyó la nueva muralla en el siglo XVIII, quedó un espacio entre esta y la muralla medieval, que fue aprovechado por los marinos y arrantzales para crear un arrabal.
Este arrabal se encontraba formado por viviendas muy pegadas las unas a las otras, que iban escalando el desnivel que había entre el puerto y la colina de Puyuelo.
Por desgracia, aunque se salvó del terrible incendio de 1813, el barrio pesquero fue destruido durante la reconstrucción de la ciudad, si no la ciudad podría contar con un paisaje parecido al de Pasai San Pedro o Pasai Donibane.
En 1850, el puerto fue ampliado y transformado, debido al incremento de las actividades pesqueras y mercantiles.
Las murallas fueron reformadas y se abrió una nueva puerta a la altura del palacio Goikoa.
Hasta entonces, solo existía en el puerto donostiarra la Casa Torre del Consulado y algunos cobertizos para guardar los enseres y realizar reparaciones.
Sin embargo, se decidió levantar un nuevo barrio entre Urgull y el mar que albergase las casas de los sufridos arrantzales y sus familias.
Desde entonces, el muelle donostiarra cambió para siempre. El nuevo barrio se llenó de familias y de vida, adquiriendo pronto el sobrenombre de barrio de la Jarana.
El puerto bullía de pescadores y trabajadores que se dedicaban a las labores de carga y descarga y otros oficios relacionados con el mar.
Abriéndose tabernas que saciaban la sed y el hambre de los arrantzales y comerciantes, mientras que los más pequeños correteaban entre las mercancías y se zambullían al agua, imaginándome ser grandes marinos cuando crecieran.
Los soportales que hoy cobijan restaurantes y tiendas de souvenirs, protegían de la lluvia y el sol a las mujeres de los arrantzales, mientras se dedicaban a arreglar y coser las redes y los aparejos de pesca.
Aunque no todo era alegría y jolgorio en el barrio de La Jarana, ya que las galernas y los temporales tiñeron de luto el barrio y sus familias en no pocas ocasiones.
Como recordatorio de la fiereza del mar y todas las vidas que se llevó, se alza en el barrio el monumento en honor a «Aita Mari».
Patrón de una txalupa que no dudaba en salir a rescatar a los marineros en apuros y que murió tratando de salvar a unos náufragos durante una terrible galerna que se llevó la vida de 38 arrantzales.
EL NUEVO PUERTO DE DONOSTIA
El encargado del proyecto de ampliación del puerto y de la creación del nuevo barrio fue el ingeniero Manuel Peironcely, siendo el principal impulsor de las obras Fermín Lasala, quien tiene una plaza en su honor muy cerca del puerto.
El puerto fue ampliado, creándose el muelle Kaiberri y construyéndose unas compuertas que mantenían el nivel del agua cuando bajaba la marea.
Y es que por aquella época el puerto bullía de actividad, aunque sufrió algunos bajones como durante la última guerra carlista en la que la ciudad quedó nuevamente.
Durante el siguiente siglo, el puerto de San Sebastián fue nuevamente ampliado.
En 1946 se reformó la dársena, ampliándose el muelle y construyendo el «portaaviones» que daba servicio a los barcos de pesca.
Sin embargo, durante los años ochenta los barcos pesqueros comenzaron a desaparecer para dejar paso a los barcos recreativos.
Y lo que una vez fue un vibrante y bullicioso puerto de arrantzales, hoy se ha convertido en un turístico muelle donde locales y visitantes se funden y se cruzan en sus paseos hacia la Parte Zaharra, la Bahía o el Paseo Nuevo.
Aquellos soportales de La Jarana se hallan hoy día ocupados por restaurantes, mientras que los visitantes hacen cola para subirse a las embarcaciones turísticas que navegan por la bahía o llevan a los más curiosos a la isla de Santa Clara.
CONCLUSIÓN
Aunque aquel barrio de La Jarana donde reinaba el bullicio, las alegrías y las penas de las familias arrantzales fue barrido hace muchos años por los tiempos modernos, aún persiste en el ambiente la esencia marinera y el eco de sonidos pasados.
QUÉ VER EN EL BARRIO DE LA JARANA DE SAN SEBASTIÁN
1. La Puerta del Mar
La Puerta del Mar o Portaletas era una de las entradas de las que disponían la ciudad amurallada antes del desmantelamiento de las murallas.
Sin embargo, el tramo de murallas occidental que protegían la ciudad de los ataques desde la Bahía es actualmente uno de los mejores vestigios de aquella villa encorsetada por murallas.
Además, se conserva su acceso al puerto, conocido como Puerta del Mar o Portaletas, que al igual que la Puerta de Tierra cerraba por las noches.
Actualmente es uno de los rincones más singulares de la Parte Zaharra donostiarra.
2. CAPILLA DE SAN PEDRO DE LOS MAREANTES
Uno de los edificios más destacados del barrio de pescadores de Donostia, es su pequeña iglesia marinera, la capilla de San Pedro de los Mareantes.
Construida en 1896, destaca su noble fachada y su interior con galerías reservadas para los hombres, al más puro estilo de las iglesias de Lapurdi.
LA CAPILLA DE SAN PEDRO DEL PUERTO DE DONOSTIA-SAN SEBASTIÁN
Si al visitar la zona la encontráis abierta, no dudéis en visitarla y descubrir las sorpresas que esconde en su interior.
3. EUSKAL ITXAS MUSEOA – MUSEO MARÍTIMO VASCO
La antigua Casa-Torre del Consulado de San Sebastián, uno de los pocos edificios que existían en el puerto antes del nacimiento de barrio de La Jarana, alberga el museo dedicado al patrimonio marítimo vasco.
Este edificio construido a mediados del siglo XVIII fue uno de los pocos edificios civiles que sobrevivió a la destrucción de la ciudad de 1813.
Por lo que no solo forma parte de la historia del puerto, sino que pertenecen a la memoria histórica de Donostia-San Sebastián.
4. AQUARIUM DE DONOSTIA
El Acuarium de Donostia-San Sebastián, inaugurado en 1928, es uno de los principales atractivos turísticos de la ciudad y del puerto, además de un referente en la conservación y educación ambiental.
Su origen se remonta a 1908 gracias a la iniciativa de la Sociedad Oceanográfica de Gipuzkoa que buscaba promover el conocimiento sobre la vida marina.
Desde entonces, ha experimentado diversas ampliaciones y renovaciones, destacando su compromiso con la investigación y la conservación de los ecosistemas marinos.
El acuario está ubicado en el muelle, en un antiguo edificio que combina estilo clásico y moderno.
Su interior alberga una impresionante colección de más de 200 especies marinas, incluyendo tiburones, medusas, tortugas y otros invertebrados.
Uno de los espacios más emblemáticos es el túnel acrílico, que permite a los visitantes caminar rodeados de tiburones y otras criaturas del océano, ofreciendo una experiencia inmersiva única.
Es por ello que no es de extrañar que sea el segundo museo más visitado de Euskadi, solo por detrás del Guggenheim de Bilbao.








